Partimos de la base que no pretendíamos convencernos el uno al otro. Evidentemente no fui con la actitud de tantos occidentales que van a la India a recibir la sabiduría
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El escritor y filósofo Rafael Argullol (Barcelona, ‘49) y el sanscritista Vidya Nivas Mishra (Uttar Pradesh, ’28) acordaron, con la mediación del también sanscritista Òscar Pujol y el apoyo de la editorial de Siruela, entablar unas conversaciones acerca de cinco temas básicos que confrontaran las distintas visiones del mundo que existen entre las culturas de Europa e India. Fruto de estos diálogos, que tuvieron lugar hace cuatro años, es el libro Del Ganges al Mediterráneo. Un diálogo entre las culturas de India y Europa. Rafael Argullol, catedrático de Humanidades en la Universitat Pompeu Fabra, ha publicado seis novelas, tres libros de poemas y numerosos ensayos (“La atracción del abismo” y “Tres miradas sobre el arte” entre otros). También es articulista en El País, autor del texto de la “Tetralogía anfibia” del Naumon de la Fura dels Baus y uno de los impulsores de la Casa Asia de Barcelona.

¿Qué es en realidad el diálogo entre culturas? Porque, ahora mismo, a mitad de ’04, se ha abusado tanto de este concepto que casi ha perdido todo sentido...
El libro tiene un ciclo de escritura de cinco años porque es un libro muy complejo. El origen se remonta a ’99, pero después tuvieron que organizarse los encuentros, transcribir todo el material... todo eso ha llevado su tiempo. En mi intención ya había cierta suspicacia que se refleja en la complejidad y dilatación de la escritura del libro -suspicacia respecto al diálogo de las culturas genérico que muchas veces se propone-. Pienso que con este libro se va más allá del diálogo de culturas políticamente correcto, del que se mueve más bien en un plano político-diplomático; aquí se propone un diálogo entorno a dos tradiciones, la de India y la de Europa, pero se intenta hurgar más allá de la epidermis. Y eso requiere tiempo. Una cosa es montar Fórums y tribunas diplomáticas o políticas donde siempre se buscan acuerdos inmediatos, y otra intentar entrar en profundidad en los temas. Esto último requiere una elaboración lenta, porque se necesitan traspasar varias capas antes no llegas a ciertas mediaciones.

Su participación en un libro de diálogos tiene el precedente del “El cansancio de Occidente” (’99) -junto a Eugenio Trías-. Pero entonces se trataba de analizar Occidente desde Occidente...
“Del Ganges al Mediterráneo” es el libro número 24 de los que publico, de los cuales sólo dos han sido de diálogos. A mí me gustaría hacer más, me gustaría vivir en unos tiempos en los que funcionara la complicidad intelectual, pero no es fácil hacer un libro de diálogos. Si quieres darle cierta entidad, exige preparación, desarrollo... Efectivamente este es el segundo, pero las características son muy diferentes. “El cansancio de Occidente” era un libro mucho más local, además, la infraestructura y las condiciones no fueron tan difíciles como en este.

Al final del libro dice que hay dos cosas que admira de la India: el concepto de la divinidad descentralizada y la ausencia de la idea del imperialismo.
Las conversaciones fueron una experiencia muy rica en aprendizajes, pero entre las varias cosas que puedo citar como muy representativas de esta riqueza hay esta idea de policentrismo, esta visión descentralizada de la vida que realmente es muy atractiva. Desde el mundo antiguo nuestra tradición normalmente ha sido muy centralista -quizá no tanto desde el mundo griego como del romano-. Me gusta poner el ejemplo de dos conceptos que nosotros usamos como sinónimos: universo y cosmos. Mi interlocutor no entendía el concepto “universo” -romano-, en cambio sí el de cosmos -que es griego-. El de cosmos implica diversidad, policentrismo; en cambio uni-verso -como indica la palabra- hace referencia a una visión del cosmos adaptada a la centralidad de Roma como capital del Imperio. En la India quizá han tenido más facilidades para adaptarse a la física contemporánea que la tradición de Occidente, ya que esta ha tenido que romper con visiones de su pasado. También en el terreno metafísico y teológico es muy atractivo el mundo politeísta en cuanto a una especie de variedad de la sensibilidad y de la espiritualidad.

En un momento del libro dice: “no soy un hombre religioso, pero soy un hombre profundamente respetuoso y amante, casi enamorado, de lo sagrado”.
Yo diferencio el sentimiento de lo sagrado de la militancia religiosa. Poseo este sentimiento de lo sagrado en forma de una relación continua, profunda, tensa y a veces satisfactoria con el enigma de la existencia y el que está más allá de la existencia. En cambio no profeso ninguna militancia religiosa porque considero que en general las religiones dan una respuesta dogmática a este enigma. Prefiero lo sagrado, es decir, una visión abierta del enigma.

A lo largo de todo el libro se recorre un camino para encontrar elementos en común, incluido el proceso inicial de pactar de las preguntas...
Partimos de la base que no pretendíamos convencernos el uno al otro. Evidentemente no fui con la actitud de tantos occidentales que van a la India a recibir la sabiduría. Los dos aprendimos de este diálogo, pero para hacerlo posible era imprescindible encontrar puntos de mediación entre dos tradiciones que muchas veces están alejadas, sobretodo en el terreno de los conceptos. Debo decir que uno de los territorios que facilitó más esta mediación es el estético, el arte, que siempre es el que favorece más las mediaciones entre culturas. Para establecer un diálogo -y aunque parezca paradójico- debe haber un diálogo previo que facilite la existencia de puentes que lleven al otro diálogo. Por eso tantas veces es falso el diálogo hecho desde la óptica política, porque no se preocupa por la existencia de un diálogo previo, que es el que introduce al otro diálogo, más profundo.

Más que de estética, Vida Nivas Riva hablaba de mitos: “La percepción mítica es algo inherente al hombre. Todos los hombres heredan este tipo de percepción (...). La verdad es que todos nosotros experimentamos alguna vez esas intuiciones en las que el espíritu de las cosas se nos revela”.
Pero los mitos no están demasiado alejados de la sensibilidad estética. Los mitos son las explicaciones del mundo que se han dado en las sociedades. A veces ha sido en forma de doctrinas religiosas, otras ideológicas,... pero las respuestas más perdurables de los mitos se han dado en el terreno de la poesía y del arte. Los sentimientos que hay en el Bhagavadgita, en el poema de Gilgamesh o en la Ilíada muchas veces son similares. Por eso es mucho más fácil la comunicación con otra tradición si buscas las mediaciones de la poesía y del arte. Cuando Vidya Nivas Mishra vino a Barcelona, donde sintió más afinidades fue en el museo Picasso y en la colección románica del MNAC. La virtud del gran arte es esta capacidad universal que hace que de alguna forma voces de lugares muy diferentes coincidan.

En las conversaciones aparece el tema de la globalización, un fenómeno nuevo en la historia que, paradójicamente, favorece el diálogo entre culturas que precisamente se han forjado a lo largo de miles de años de impermeabilidad...
La historia previa de Europa y de la India -y de las relaciones entre sí- es muy diferente. La India nunca ha salido de la India. Durante siglos y siglos lo que conocemos como tradición india -y toda su idiosincrasia- se ha desarrollado en el subcontinente indio. No se conoce un solo momento en la historia en el que los indios quisieran colonizar territorios externos. En cambio los europeos han tenido desde la época romana esa vocación imperialista universal que los ha llevado a todos los rincones, incluida la India a través de la Gran Bretaña. Por lo tanto, cuando se habla de globalización es diferente para nosotros que para un indio, cuya cultura nunca ha establecido un imperio afuera. Lo que sí han sido es colonizados; es una primera consideración a tener en cuenta. La globalización seguramente es vista de forma más sospechosa allí que aquí. En este tema creo que se debe marcar la doble vertiente. Por una parte permite contactos, diálogos y fusiones que previamente nunca se hubieran podido producir, pero también corremos el riesgo de que la llamada globalización sea una especie de uniformización formal alrededor de un único gran modelo, el capitalista de producción y consumo, y que se destruyan las identidades locales. Debemos ser muy cautos porque los grandes apologetas de la globalización acostumbran a ser apologetas de la mercadería globalizada.

Precise, por favor, una idea de belleza que expone al final del libro: “me parece imprescindible defender la reunificación de conocimiento y experiencia. No creo que haya nada más cercano a la posibilidad de definir la belleza”.
Uno de los problemas de la tradición europea -occidental-, sobretodo a partir del Renacimiento, es que tiende a separar la teoría de la práctica. Por una parte va la teoría y por otra la experiencia. Un ejemplo de esto son nuestras universidades, que se han convertido en unos lugares donde se estudia una teoría que generalmente poco tiene que ver con la vida. El antiguo ideal de conocimiento mezclaba el conocimiento teórico y práctico de la vida; se alimentaban mutuamente. En el origen de la civilización y de la filosofía griega este ideal era así, pero nosotros lo hemos escindido. Defiendo la necesidad de reunificarlo o al menos de intentar hacerlo en el terreno personal. Considero que lo óptimo es hablar exclusivamente de cosas que tú mismo estés dispuesto a llevar a la práctica mediante tu experiencia.



Joan Pla i Vivoles :.
Miércoles, 14 julio '04