La carrera de Marcel·lí incorpora la robótica como elemento esencial
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Vino de Bages haciendo teatro como se hacia en la Edad Media y fundó La Fura dels Baus. Años después la dejó para empezar una carrera propia. Ahora le toca participar en un proyecto inédito, invitado por la agencia espacial rusa, para hacer arte en gravedad cero. Marcel·lí tiene nombre propio y estas dos semanas nos presenta Mondo Antúnez, una retrospectiva de su carrera en solitario

Empezaste haciendo teatro tipo juglar y hoy trabajas con la robótica. ¡Vaya trayecto!
No exactamente. Con La Fura, empezamos haciendo teatro de animación, de base popular y folklórica, en la Primavera del '79 y en agosto del mismo año, nosotros empezamos un proyecto más ambicioso, aun en esta línea, que fue comprar un carro, una mula. Preparamos el carro, la escenografía, y una obra específica. Ya no era tanto un trabajo de teatro de calle en el sentido de animación y de música, sino que un espectáculo que duraba unos 40 o 50 minutos.

¿Ibáis de pueblo en pueblo?
Si, hicimos 35 representaciones. Empezamos en el pueblo donde es originario el grupo, que es Moiá, y de allí seguimos por todas las comarcas. Fue un viaje muy intenso. Lo que duraba tres meses en recurrir, hoy se puede hacer en un día en coche.
Era muy interesante no solo para nosotros, sino que también para la gente que nos recibía: actuábamos en Moiá y al día siguiente en Estany, que está a 8 km. Pues la gente ya nos estaba esperando, porque ya habían escuchado que había esta trouppe.

Vienes de Bages, e en Barcelona haces música, actúas, diriges espectáculos, dibujas, diseñas objetos, fundas una compañía de teatro… ¡Un artista total!…
Lo que viví en esa época, creo que lo vive mucha gente, porque cuando uno tiene entre 20, 22 años, pasan muchas cosas y de repente piensas una cosa y dentro de tres seis meses estás en otro proyecto, y dentro de tres meses, en otro, etc. Es la típica vorágine, dónde los horizontes suelen ser a corto plazo.
Parece que hayas hechos muchas cosas, pero no es exactamente así, no solo yo, sino que toda la gente que me rodeaba estaba en esta situación. Y creo que sigue siendo así. Yo ahora doy clases, y veo la gente de veinte años con las mismas preocupaciones.
Lo que pasa conmigo es que yo estaba en La Fura, que era un grupo bastante caótico al principio, estaba con un grupo de música que se llamaba Rock Genético y además estaba con mis estudios de arte. Entonces todas esas cosas configuraban un universo bastante amplio: la música, lo escénico y el arte.

Tu pasaje importante e incluso fundamental por La Fura se rompe en un determinado momento.
El año '82 acabé mis estudios y dediqué mis esfuerzos profesionales a La Fura. En ese momento, todo cambió. Nos profesionalizamos, que abarcó lo que nosotros sabíamos hacer: teatro de animación, teatro para niños, teatro de calle. Y por una serie de circunstancias, a mediados de los 80’s, preparamos un espectáculo llamado Accions, que nos lanzó. Coincidió con un momento social y histórico favorable.
Estábamos en una escala de teatro local y pasamos a una escala internacional en un espacio de meses. En los 80’s, me dediqué a La Fura. Además de actor y músico, era el coordinador artístico, o sea, tenía un papel muy importante dentro del grupo, así como de director.
No nos entendimos, porque yo sentí que el colectivo había muerto. Yo tenía mucha prisa en llevar adelante los proyectos, y había como una fricción, y entonces el grupo se comportó de una forma muy poco elegante, y hubo una falla. Ellos me pedieron que yo estuviera un tiempo fuera, y yo decidí que para seguir con gente que se comnportaba de aquella manera, prefería empezar mí carrera. Y fue una putada, porque La Fura tardó en consolidar su nombre, su marca y las posibilidades después de eso fueron muy grandes: las Olimpiadas, propuestas comerciales, que en los 90’s ha cambiado el status económico y social del grupo; pero a la vez, ahora es un grupo de directores, dejó de ser un colectivo.

Sin embargo tu carrera se desarrolló en un sentido diferenciado y personal, y se supone que los primeros tiempos no fueron fáciles.
Fue difícil, y sigue siendo. Llevar adelante un proyecto de este tipo es difícil, a veces doloroso. Complicado. La tecnología es un elemento fundamental, sobretodo en la primera mitad de los 90’s, entonces da problemas, y es difícil en ese sentido.
Pero visto de una forma positiva, lo que está claro, es que tras doce años de dejar La Fura, y empezando una nueva carrera, tengo ya algunos elementos que la definen ya.

¿Qué elementos "fureros" mantienes en tu obra, suponiendo que no has roto con todo lo que has aprehendido allí?
Siempre he pensado que el trabajo de los 80’s de La Fura es mí trabajo, y eso no quiero decir que no sea el trabajo de Carles Padrissa, de Pera Tantiñà o de Pep Gatell, también. Pero yo allí dejé mí huella y no puedo negarme a mí mismo. Entonces hay una continuidad en muchos aspectos del discurso. Desde el punto de vista de contenidos, La Fura, utiliza temas muy básicos de la existencia del ser humano, como son el tema del nacimiento, de la muerte, de la guerra, la sexualidad, del rechazo, del festivo, etc. Constituía una poética, que pienso que ha perdido parte de esta esencia.

Y tu sigues incorporando esos temas?
Yo continúo esa forma de trabajar, pero en los 90's incorporo otro elemento que creo que es fundamental que es la ironía. Creo que mí trabajo ahora tiene una alta dosis de ironía, porque desconfío también de la tesis en el sentido absoluto como se planteaba La Fura en los 80's.


A parte de eso, tú eres un poco obsesionado por la tecnología. Internet, telefonía móvil, robótica, manipulación genética, exploración espacial, realidad virtual. En fin, ya no son el futuro, sino que el presente...
Es cierto que desde principios de los 90’s hasta la fecha, ha habido una evolución rapidísima de las tecnologías. Y hay dos ejemplos que lo ilustran claramente: uno que es internet, que es una red, primero militar y después universitaria, que la conozco desde el año ‘86 o ’87 en el ámbito universitario; Y el segundo es la telefonía móvil. Hoy prácticamente todos los países tienen más teléfonos móviles que fijos. En cuanto el teléfono esperó más de cien años en establecerse, el móvil lo suplantó en cinco años.
Creo que son elementos que están allí, y que ya "no son valor", en el sentido de la aportación desde una perspectiva de novedad.


¿Y los que no son del dominio público, como la robótica, y que tu tanto utilizas?
Exacto, se te fijas, en mi trabajo, no existe tanto el elemento de la telemática, no es una constante, aunque esté presente, por ejemplo en Epizoo. Pero no es un elemento constante. No soy un "internet artist". Tampoco los móviles, acabé por desechar esa técnica.
La robótica es un elemento muy particular. Primero, porque no está al alcance; segundo porque es muy complejo; y tercero, porque es una técnica que exige espacio y tiempo reales. Yo no sé que pasará con todo eso.

¿Pero hasta que punto y cuando, pueden estas influenciar el arte, y en tu particular las artes escénicas?
El arte es una forma de investigación, o de conocimiento, en último término. El pensamiento del arte se materializa a través de la forma. Entonces el pensamiento artístico tiene su raíz en aspectos que están muy alejados a otras formas de pensamiento como la filosofía o la ciencia. Es decir, tu como artista puedes decidir una cosa por capricho, puedes intuir una cosa sin saber exactamente que pasa, etc. El arte es muy útil en ese sentido, porque puede abrir brechas y campos que quizás otras disciplinas estén demasiado interesadas.

Explícanos en que consiste realmente tu viaje "al espacio".
Para el mes de abril, vamos a realizar dos vuelos desde la "Ciudad de las Estrellas", en Moscú, auspiciados por el proyecto MIR, que reúne a Art Catálisis, de Londres, a V2 holandesa, a la revista Leonardo dedicada a nuevas tecnologías (de EEUU), y a una organización rusa y otra eslovena.
Este proyecto envía a científicos y artistas a un tipo de vuelos parabólicos que en cada uno de los arcos de la parábola consigues la microgravedad. En este estado, vamos a preparar una performance específica, que será registrada en video.

Durante estos días presentarás Mondo Antúnez en el Mercat de les Flors. ¿De que va esta obra?
Son las obras. Lo que no hay son las instalaciones. Resume esta cuestión de la interactividad, de los robots, la participación del público, la sincronía sobre multiplicidad de medios, que arranca con Epizoo, Afasia, y Pol, en una versión dos, más larga que la del Grec.

Eres licenciado en Bellas Artes, y como artista, ¿cómo aprecias la cultura que se forja en Barcelona en los días de hoy?
Pienso que Barcelona vive con respecto a los últimos 25 años, que es lo que puedo hablar, un momento muy especial. Hay un gran número de personas que han elegido el destino de la ciudad para dedicar una parte importante de su vida y de su esfuerzo. Y pienso que eso no está correspondido por la ciudad. La ciudad no da posibilidades. No digo yo que ciudades que son destinos mucho más importantes que Barcelona, como Londres, Ámsterdam o Nueva York sean más generosas. Probablemente son mucho menos aún. Pero no siempre las instituciones locales tienen en cuenta este hecho, que es un hecho fundamental. En los últimos cinco años hay una población flotante de gente joven, preparados, con gran capacidad intelectual, formados, que no siempre encuentran puertas para presentar sus trabajos. Quizás este sea el grande problema que tiene esta ciudad. No hay una renovación. La ciudad no ha sido capaz de establecer los mecanismos para que estos valores se renueven. En el caso del teatro, los que controlan los grandes presupuestos son instituciones que se forjaron justo después del franquismo. Y siguen allí. La gente que maneja el Lliure o el TNC son de esa generación.
En el campo del arte es un poco parecido. Yo creo que no es bueno. Algo no funciona. En el ámbito estatal, de las comunidades… Supongo que los ocho años del gobierno de derechas se ha notado muchísimo. Luego hay una tendencia de mercado muy fuerte que se ha instalado en la cultura, en lo que cuenta es el índice de taquilla, público, audiencia.
Vivimos en un momento, en que no estoy optimista. Estoy pesimista en relación a esta cuestión.

¿Y el Fórum de las Culturas que opinión te merece?
No lo sé, no tengo ni idea. Es un tema muy complejo y que va a ser difícil. Supongo que tras el Fórum, hay una línea de buena fe. Que se basan en valores humanistas. Pero por otro lado, está unida una realidad sociológica y económica un poco extraña. No olvidemos que el Fórum va detrás de una gran operación inmobiliaria, que para el '04 tenían que estar listas una serie de infraestructuras que no estarán, como el AVE.
Me parece que el proyecto no consiguió calar con la gente. Creo que nos sentimos, tanto los ciudadanos, como los que somos agentes de cultura, no hemos sentido que estamos dentro. Y está allí. Falta un año.



Ricardo Nuno :.
Jueves, 13 de febrero de '03