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• El mal tiempo y el aumento de lateros han hecho caer las ventas hasta un 30%

• Los comerciantes quieren abrir una hora más por la noche para paliar las pérdidas


David Placer
El Periódico
Martes, 30 septiembre '08

Los chiringuitos de las playas de Barcelona recordarán el 2008 como su annus horribilis. Las constantes lluvias de primavera y septiembre, y el aumento vertiginoso de los vendedores ambulantes han arruinado la temporada de los comerciantes que aseguran haber perdido ventas de entre el 20% y el 30% respecto al año pasado. Los concesionarios, que venían mejorando sus ingresos desde el 2002 --otro año con mal tiempo generalizado, según recuerdan--, han sufrido una brusca caída de ventas, que se ha acentuado las últimas semanas y que los obliga a cerrar muchos días antes de tiempo por falta de clientes.

Este año muchos empleados aseguran haber tenido enfrentamientos verbales y físicos con los vendedores ambulantes, cada vez más invasivos e insistentes con los clientes de las hamacas alquiladas por los chiringuitos. El aumento de los servicios informales de masajes, generalmente ofrecidos por mujeres asiáticas, y venta de rosas también ha generado molestias a los comercios, que se quejan de que sus clientes son acosados por el comercio informal. "El chiringuito es un negocio cada vez menos rentable. No llegamos a los números rojos, pero estamos preocupados", afirma Josep Carbonell, dueño de un establecimiento en la playa del Bogatell.

La asociación de chiringuitos de Barcelona utilizará el argumento del descenso de las ventas para pedir una ampliación de horario nocturno, una vieja reivindicación del gremio. "Los clientes se quejan de que el cierre a la una de la madrugada --en la Barceloneta es a medianoche-- es demasiado temprano. Llevamos varios años exigiendo una ampliación de horarios que nos permitiría compensar las pérdidas por los lateros", dice Eduardo Martínez, presidente de la asociación.

MÁS VIGILANCIA
El ayuntamiento reconoció el mes pasado que ha habido un aumento en la venta ambulante en algunas playas, pero rechazó que el fenómeno se haya producido por un relajamiento policial. A mediados de agosto, cuando el colectivo hizo públicas sus quejas, la Guardia Urbana reforzó la vigilancia, una acción que es reconocida por la mayoría de establecimientos.

Sin embargo, los comerciantes aseguran que las medidas son insuficientes para controlar una red de distribución muy coordinada y consciente de que su actividad ilegal no acarrea sanciones serias.

"Si la policía les requisa las latas, se van y al cabo de pocos minutos vuelven con más. Saben que no les pasará nada", explica Alfredo Sosa, encargado de un local en la playa de la Nova Icària. "Aunque algunos ya tienen acumuladas muchas multas, ellos dicen que no piensan pagarlas", agrega Mireia Martínez, encargada del chiringuito Inercia.

LATERAS CONTRA LATEROS
Este año, los comerciantes idearon una peculiar iniciativa: crear su propia red de vendedores en la arena para competir con los lateros. Algunos chiringuitos contrataron a camareras de ropa ligera, pero la estrategia fracasó: los lateros de siempre, más hábiles y dispuestos a bajar precios al máximo, derrotaron la iniciativa de los comerciantes. "Algunos lateros me han propuesto vender mis propias cervezas y sacar ganancia todos. Es un chantaje que no podemos aceptar", agrega Carbonell.

El ayuntamiento se reunirá en las próximas semanas con el colectivo de comerciantes para valorar la temporada, que oficialmente culmina a finales de noviembre, y estudiará sus propuestas. Los chiringuitos pedirán que el cierre de los locales situados entre Nova Icària y Llevant se extienda de las 01.00 horas a las 02.00 horas. Los concesionarios de la Barceloneta, conscientes de las dificultades de la extensión de horario en esa zona por la proximidad de bloques de viviendas, pedirán autorización para tener música.