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En octubre de 2002 un grupo de terroristas chechenos secuestraron, durante tres días, el Teatro Dubrovka de Moscú y tomaron como rehenes a más de 700 personas. El resultado fueron 115 rehenes muertos a causa del gas introducido en el teatro por parte de las autoridades rusas. Estos hechos son el punto de partida de Boris Godunov, la obra que La Fura dels Baus presenta en el TNC. Barceloca habló con su director, Àlex Ollé, que, junto con David Plana, ha llevado al escenario del Nacional un espectáculo que pretende despertar la reflexión sobre un tema más que controvertido: el terrorismoBoris Godunov, aunque no pretenda reproducir la tragedia del Dubrovka, sí que se inspira en este trágico episodio. ¿Cuál es el proceso entre esos hechos y la obra?Los hechos del Dubrovka son sólo el punto de partida para crear una ficción que no tiene nada que ver con lo que pasó allí. La obra está descontextualizada, tanto geográfica como políticamente: no son chechenos, ni pasa en Rusia... Lo que sí que es verdad es que nos documentamos mucho sobre lo que pasó en el Dubrovka y, de esta documentación, han quedado algunos elementos: el hecho que una de las terroristas era actriz, la entrada de un supuesto padre que quería intercambiarse con su hijo... Te todas formas, degenera en una ficción que lleva el espectáculo hacia la reflexión sobre un terrorismo más global, con personajes más arquetípicos: desde el terrorista más mercenario, que tanto podría estar en un bando como en otro, hasta la terrorista viuda, que sería la que actúa más bien por venganza, por odio, o la persona que ha entrado por unos ideales.
Efectivamente, la obra entra de lleno en el tema del terrorismo, un tema bastante delicado. ¿No tenéis miedo de las posibles malas interpretaciones?Hombre, es una apuesta de riesgo. Somos conscientes de que el tema que tocamos es un tema muy delicado que puede generar muchas susceptibilidades. Por eso creo que lo que hemos conseguido es un gran reto: sólo tomar partido a la hora de rechazar, absolutamente, el terrorismo y cualquier tipo de violencia.
En la obra hemos tenido que dar a los terroristas unos motivos, pero hemos intentado que el peso no recaiga sobre ningún lado y creo que lo hemos conseguido. Nadie nos ha dicho que hagamos apología del terrorismo.
El público se convierte en rehén de un grupo de terroristas dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias. ¿Qué sentimientos pretendéis despertar?Básicamente la reflexión sobre el tema. La mejor manera de combatir los miedos es enfrentándose a ellos. Con el terrorismo, si no nos enfrentamos a él, si no discutimos, hablamos y reflexionamos sobre ello, y simplemente lo que hacemos es dar la espalda a un tema tan importante... Si nos cargamos simplemente la barbarie sin pensar en los posibles motivos...
Si en la obra hay algún mensaje final -aunque no es nuestra intención- éste es que no hay nada que valga la vida de un ser humano. No es que nosotros estemos de acuerdo con los motivos que les damos a los terroristas, pero los tienen que tener.
¿En algún momento os planteasteis hacer participar al público activamente?No, no era nuestra voluntad. Además creo que hubiera sido ridículo porque no se puede hacer artificio de un tema como éste. El espectáculo empieza desde el minuto cero siendo teatro; no hay una voluntad de hacer hiperrealismo. El público está como estaba en el caso del Duborvka: esperando que pase el tiempo.
¿Cuál es el papel de Boris Godunov en todo esto?Escogimos Boris Godunov porque es una obra que nos habla de la ambición por el poder y de la corrupción. Funciona como un espejo. Se trata de una obra del siglo pasado que habla de unos hecho del siglo XVII, pero esto no significa que los hecho que explica no pasen actualmente en algún país del mundo. Muchas veces todavía se utiliza la violencia para llegar al poder, no sólo a través de terroristas sino también a través de los propios Estados. Lo podemos ver, sobretodo, en África o en Sudamérica.
¿Cuál es el balance que haces de tu colaboración con David Plana?Muy positivo. Esta obra no se entiende sin David. Aunque la idea original fue mía y empecé a trabajar en ello un poco antes, ha sido un trabajo conjunto. No fue hasta que comenzamos a trabajar juntos que elaboramos la dramaturgia. Además, en un principio la iba a dirigir yo sólo pero, de forma natural, acabó surgiendo una dirección compartida entre los dos. Ha sido un trabajo muy satisfactorio y que, probablemente, podría repetirse en el futuro.
¿Qué dirías que aporta de nuevo esta obra respecto a la trayectoria anterior de la Fura dels Baus? O, ¿qué reafirma?La Fura es una compañía con la capacidad de reinventarse constantemente, que trabaja con disciplinas artísticas muy diferentes entre sí. Entendemos que la creatividad no se debe enmarcar en una única disciplina. Y, dentro de las diferentes inquietudes de los componentes de La Fura dels Baus, las mías desde hace unos años, se han dirigido hacia el teatro a la italiana. Por esto la obra anterior fue La Metamorfosis de Kafka, y las dos anteriores XXX y Fausto, donde trabajé con mi compañero Carles Pedrissa. Esta obra, pues, forma parte de mi propia trayectoria dentro de La Fura.
Y, dentro de esta trayectoria, ¿con qué espectáculo o con qué momento te quedas?Yo siempre me quedo con el último, que en este caso es Boris Godunov. Lo pasado, pasado está. Lo que me interesa es lo que vivo en el momento. En todo caso, por una cuestión generacional, probablemente me quedaría con el Suz/o/Suz, que es el espectáculo que nos da a conocer y marca un antes y un después. El momento de las Olimpiadas, aunque mucha gente se preguntara cómo una compañía como nosotros podía hacer eso, también representó muchísimo; fue la oportunidad de decir que no todo debe ser transgresor, que también se puede hacer algo para todos los públicos que sea de calidad. También guardo un buen recuerdo de cuando hicimos nuestra primera película, Fausto, con Fernando León de Aranoa.
Para terminar, no sé si todavía será un poco pronto, pero ¿qué planes de futuro hay para La Fura después de Boris Godunov?A nivel de empresa, muchos. Tenemos, por ejemplo, bastantes óperas hasta el 2011, como cuatro o cinco. En mi caso, tengo una cosa para el Teatro Real, y quizás para la Scala de Milano, que es un Peter Pan para adolescentes y, sobretodo, las ganas de volver a hacer un espectáculo, porque cuando terminas con uno ya tienes ganas de empezar con otro. Me gustaría, a principios de 2010, estrenar un espectáculo que giraría entorno a la memoria.
Laura Hierro Gisbert