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La Catedral de Santa Cruz y Santa Eulalia, más conocida simplemente como Catedral de Barcelona, fue construida entre 1298 y 1450. Aún así, la fachada quedó inacabada hasta finales del siglo XIX, cuando se reanudaron las obras en motivo de la celebración de la
Exposición Universal de 1888.
Los orígenes más remotos de esta Catedral, de estilo gótico, corresponden a una basílica paleocristiana de tres naves, que fue destruida por Al-Mansur en 925 y cuyos restos pueden verse en el
Museo de Historia de la Ciudad. Hacia 1046 se comenzó la construcción de un nuevo templo, de estilo románico, sobre el que se construyó la actual Catedral.
Está dedicada a Santa Cruz y Santa Eulalia, patrona de la ciudad, por lo que en su claustro gótico viven trece ocas blancas (en homenaje a los trece años que tenía la Santa cuando fue martirizada y ejecutada).
La Catedral está formada por el templo, de tres naves con la misma altura, y el claustro. Su interior es sobrio y elegante y alberga un total de 27 capillas.
Bajo el presbiterio, en una cripta a la que se llega descendiendo una escalera, descansan los restos de Santa Eulalia. El claustro consta de un jardín central, de 25 por 25 metros, rodeado por cuatro galerías.
La fachada principal, de estilo neogótico, tiene 40 metros de ancho y está altamente ornamentada con multitud de figuras que representan ángeles y santos. Destacan los dos campanarios, prácticamente gemelos, que datan del siglo XIV; uno contiene nueve campanas y el otro el reloj. El cimborrio, de 70 metros de altura y diseñado por August Font i Carreras, se construyó a principios del siglo XX.
Frente a la Catedral hay una gran explanada, siempre muy concurrida y en la cual uno puede sentarse en una de las terrazas a tomar algo mientras observa el templo. Los días festivos es habitual que se bailen sardanas en este punto.